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martes, 18 de noviembre de 2008

"La cita" de Delmira Agustini

En tu alcoba techada de ensueños, haz derroche
De flores y de luces de espíritu; mi alma,

Calzada de silencio y vestida de calma,

Irá a ti por la senda más negra de esta noche.

Apaga las bujías para ver cosas bellas;

Cierra todas las puertas para entrar la Ilusión;

Arranca del Misterio un manojo de estrellas

Y enflora como un vaso triunfal tu corazón.

¡Y esperarás sonriendo, y esperarás llorando!...

Cuando llegue mi alma, tal vez reces pensando

Que el cielo dulcemente se derrama en tu pecho...

Para el amor divino ten un diván de calma,

O con el lirio místico que es su arma, mi alma

Apagará una a una las rosas de tu lecho!

a Delmira Agustini de Eduardo Galeano

6 de julio de 1914
Montevideo

Delmira

En esta pieza de alquiler fue citada por el hombre que había sido su marido; y queriendo tenerla, queriendo quedársela, él la amó y la mató y se mató.

Publican los diarios uruguayos la foto del cuerpo que yace tumbado junto a la cama, Delmira abatida por dos tiros de revólver, desnuda como sus poemas, las medias caídas, toda desvestida de rojo:

—Vamos más lejos en la noche, vamos...

Delmira Agustini escribía en trance. Había cantado a las fiebres del amor sin pacatos disimulos, y había sido condenada por quienes castigan en las mujeres lo que en los hombres aplauden, porque la castidad es un deber femenino y el deseo, como la razón, un privilegio masculino. En el Uruguay marchan las leyes por delante de la gente, que todavía separa el alma del cuerpo como si fueran la Bella y la Bestia. De modo que ante el cadáver de Delmira se derraman lágrimas y frases a propósito de tan sensible pérdida de las letras nacionales, pero en el fondo los dolientes suspiran con alivio: la muerta muerta está, y más vale así.

Pero, ¿muerta está? ¿No serán sombra de su voz y ecos de su cuerpo todos los amantes que en las noches del mundo ardan? ¿No le harán un lugarcito en las noches del mundo para que cante su boca desatada y dancen sus pies resplandecientes?