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domingo, 26 de diciembre de 2010

¿Puede acaso del dolor nacer de cuajo la esperanza?


¿Puede acaso el dolor nacer de cuajo la esperanza?

Siglo tras siglo tercas semillas

brotan audaces en tierras yermas,

cubren la muerte con puros brotes

de lirios, nardos, jazmines suaves

que sucias manos tornan sangrientos.

Manos de plomo manos rapaces

arrancan flores apenas nacen.

Inútilmente, con impudicia,

sesgan gorjeos,

ciegan septiembres.

Pero la sabia que vida pare

fluye sin merma… alimenta siempre…

hincha las venas… inunda arterias de son latente

que serán canto, canto en vertiente

que dará flores

rojas de vida que no de muerte,

sin deuda alguna, llenas de tiempo

y ojos ardientes de soles nuevos.

Cerrará heridas, abrirá puertas

hará estallar cristos de miedo -de acero y plomo-

poniendo en ellos ojos de poeta

que hacia el futuro lanzarán ecos.

¿Puede acaso del dolor nacer de cuajo la esperanza?

Flamas eternas, girando esperan

por la justicia, por la memoria

30.000 veces dicen y dicen

desde aquél jueves y para siempre:

Yo doy la vida. Yo digo ¡SÍ!


sábado, 25 de diciembre de 2010

Piú Avanti!!


Atravesando milenios de mandatos nacidos del dolor y del amor subyugado, surgen voces desbordadas de perenne resistencia. Silente rebeldía de féminas condenadas a la eterna ordalía sólo interrumpida por la divina merced de algún andante y ungido caballero, propietario sui generis de la honra con que honra a la caterva descastada de la especie.

Una, cientos, miles de voces que resuenan, ásperas y duras a veces, agónicas y exhaustas otras, de tanto dejar el pellejo entre sábanas, pañales y mortajas. Voces que se sublevan y levantan, inquisidoras, contra el universo atroz de semen enmohecido que carcome las conciencias inconscientes de la masa.

¿Cómo hacer que se despojen de las pústulas del sueño, de las llagas de la culpa, de las costras del silencio?

Liberando la palabra que libera. Tallando, cincelando, modelando, tejiendo... fraguando poesía. Así, como lo hacen muchas, sin estridencias felinas, sin silogismos prestados ni gimoteos vacuos. Así, suave pero firme, asentando sus plantas sobre profundas huellas de mujeres gigantescas, trashumantes en un mundo de pigmeos, forjadoras de senderos, que aunque hostiles, se repliegan ante el paso inclaudicable de quienes se saben vencedoras.


martes, 30 de noviembre de 2010

...a los cuatro y medio

No son mis manos, no son

las que aprietan el teclado

cada lágrima, una letra

cada ahogo, un silencio

llanto que sigo ahorrando

para no estallar por dentro

en cristales incompletos

(Que van a mirar

que ya miran

ojos inquisidores

...qué pasa...

nada nada... no... nada

nada nada, pero miento

y aunque lo saben, rehúyen)

Duelo azul duelo presente duelo de doler eterno

Sí duelo dolido duelo de cuatro años y medio

De cuatro de ausencia y medio mar llorado dentro

De insomnios y de pastillas

De garganta entumecida y entre los dientes, cenizas

Ay mamá… te extraño tanto

tanto que tanto duele

que ya soy toda costado

fija en esa hora artera

en que te vi despidiendo

una vida que te hartó de tanto pelear sin resto

Descansa mamá... descansa

no es nada el tiempo que falta…

una nada como cielo

Para que pueda yo darte aquello que estoy en falta

Vos y yo sabemos qué. Vos y yo nos lo debemos…


miércoles, 30 de septiembre de 2009

Sin qué hacer...




y perdimos el sendero,
no recuerdo cuándo

ni dónde

ni por qué,

¿vos sí, querido?
Perdidos en la espesura

de mi llaga y tus espinas,
las sombras de la fingida indiferencia
nos arrastran
hasta ese seno turbio
tan diferente al mío
que alguna vez nos hizo uno.

Ayer, hace ya tanto,
fui el panal acurrucante

de tus días, los primeros,

y ahora...
¿Dónde están las astillas,

los escombros que le faltan
a éstas,
nuestras ruinas?
Quiero unirlas no sin vos,
mas sin qué hacer

sin qué decir
apenas gimo a la almohada

pùas saladas e informes.

Ah... si al menos

mis lágrimas, como machetes,
abrieran un huella
de redención

para los dos...

Hijo mío...


domingo, 6 de septiembre de 2009

"Mentires"-María Luisa Mazzola


"Ayúdame a mirar"
Eduardo Galeano


"Regálame unos ojos como labios, dijo el Cíclope después de Ulises. Pero ya Galatea, la lasciva, acariciaba un pastor con sus labios como alas."
Así iniciaba uno de los catorce sueños del viejo Homero. En los Elíseos, él me lo contó en un aliento apenas, a escondidas de los antiguos vates. Susurrándome con sus ojos de no ver, me lo contó.
Pero yo, que había abandonado los suplicios del Averno dejando como tributo mi conciencia, me apropié de su sueño, lo vestí de luz y sombra, y ahora se lo miento al converso en el oído. Él cree que será su "Polifemo" y me piensa suya. Ingenua pretensión de tantos otros.
Algunos me llaman Musa.
Yo me digo traidora.

lunes, 10 de agosto de 2009

De las sombras surge la luz... De la pena, nuevamente, yo...


Hoy volví, por el tiempo en que tarda una lágrima en caer, a recordarte. Y entonces, igual que entonces, igual que siempre, hasta el final, te digo... Como un payaso que grita ALEGRÍA, un estupendo grito de tristeza loca... ALEGRÍA, ALEGRÍA, TU ALEGRÍA como un asalto al dolor... Hasta que nos volvamos a ver te extraño, y a cambio de los besos que te adeudo, mis lágrimas, pero de ALEGRÍA...

jueves, 2 de julio de 2009

"Lilith"-María Luisa Mazzola


De puro gusto soy cruel.
Acato igual enfermos relojes...
Aterradora futilidad.

Ofrezco manzana de espinas,
ardor de mariposas,
música celeste que repta
en mi tahona seca, calcinada.
Virgen puta que sueña
con serpientes y silicios
de negras púas
como lenguas astilladas.

Déjame lamer tu soledad.
Juguemos a desandar
el dominó infinito.
Rito pagano y ancestral
del amor esquizofrénico,
animal informe,
caníval paranoico, pleno
de amarga leche
de edulcoradas medusas,
lluvia de arroz y azahares,
mortaja compartida
de palabras que desangran
labios clandestinos,
terrones de piel de abismo de nada,
caricias de arena,
yunque arcaico, monótono,
sexo mudo...
ojos brotando en la garganta,
lágrimas amordazadas ,
gritos nacidos bajo cejas ciegas.

Miento apenas verdades
de crueldad esperanzada,
acarico mis llagas (hijas de la vieja náusea),
bebo de un trago la muerta espuma
que ya es nada de vos.
Previsto fin, sideral desconexión.

Matriz cuajada de ayer...
restos... deshechos... óbitos...
Alimentos del ciego pozo...
combustible de mi muerte vida...
¿Redención?... Sí, definitiva.


lunes, 18 de mayo de 2009

"Malditos Benditos"-María Luisa Mazzola


Benditos los que duermen boca abajo sin pulsiones
Benditos los que lloran sin sonarse la nariz
Benditos los que nunca se ahogaron en ayeres

Y Benditos los que cogen... sin deberes

El Reino se abrirá bajo sus plantas

para darles paso al infinito


Porque al Maldito que recuerde

antiguos quejidos cenicientos
de amores míos
de no me olvides

de nunca nunca
de no te olvido
sinfonía del viejo abismo

alimento de las sombras
Lo aguarda el camino de salitre

burdas lágrimas de siempre

siempre siempre

siembra de huellas
ignorada
por caminantes postreros
últimos exiliados
creyendo ser los primeros en irse de Gomorra

domingo, 8 de marzo de 2009

Trueno-María Luisa Mazzola



En tanto que de arena y mar
bajo mis pies la playa se deshace
así la risa el trueno quiebra
y
el aire vuelve a romperse en mil cristales

Y si acaso ese llanto empapara

la camisa que hoy deshago
para no acariciar el fiel recuerdo

del adios entre ciegas miradas

otra vez clamaría hacia lo eterno

por el trueno que ahoga este silencio

igual que esa esta aquella

azarosa risa amortajada.


domingo, 23 de noviembre de 2008

"De la Fantasía" de María Luisa Mazzola


Demasiado frío para un amanecer de septiembre. La bruma cubre el bañado con su lúgubre manto de apelmazada mortaja. Así debe ser la Muerte, agazapada, blanca, helada y final.


Hace ya más de tres horas que el cazador espera su presa. En el exacto momento en que el primer rayo de sol se filtra entre los matorrales, comprueba su rifle por última vez. Un arma bien dispuesta, se dice a sí mismo, austera y eficaz, certera en sus manos.


Por fin escucha la razón de su vigilia: el ancestral sonido de la vida. Se prepara. Apunta. Dispara. Y espera.


Un instante eterno. Después, el chapoteo en la ribera seguro ensangrentada. Gemidos, agónicos gemidos de la bestia sin futuro. Todo indica el final de su jornada. Se muere el último unicornio.


Su asta legendaria es ahora un pisapapeles sobre el escritorio de la hija literata del cazador. Ella escribe un ensayo sobre el fin de la fantasía.


martes, 11 de noviembre de 2008

"Monólogo de una neurótica" de María Luisa Mazzola

Así en la historia como en la literatura pululan épicos relatos de buenos hombres luchando contra malos hombres, justos contra injustos, sabios que iluminan la oscuridad provocada por los necios. Hombres luz contra hombres sombra, la eterna lucha…
Y cuando digo hombres entiéndase humanidad toda, incluidas las mujeres, humanas al fin, aunque algunos masculinos (genéricamente hablando, claro está) todavía no lo asuman, ya que la ciencia, preocupada por otros menesteres más loables (tales como clonar ovejas), continúa sin manifestarse ni a favor ni en contra, aduciendo la ya consabida y célebre frase: “¿Quién entiende a las mujeres?”.
Pero me he desviado de la cuestión…(cuestión, cuestión… que palabrita tan inasible, tanto como la mismísima “cosa”, ¿qué cosa, no?... cosa sirve para tantas cosas, que hasta yo soy, he sido y seré una cosa… a pesar mío, pero… y no hay nada más terrible que ser una cosa, o ser una cuestión que es casi lo mismo)... Otra vez me fui, pero qué bueno que puedo volver al camino. Al BUEN CAMINO, porque no es cuestión -o cosa- de tomar por el malo, (camino, se entiende) sobre todo cuando una empieza a discursear (discursear, ¿no es una palabra con aroma?...)
Decía…, a discursear sobre la importancia de portarse bien, o de por lo menos intentarlo, a pesar de nuestros propios deseos, a pesar de nuestras más impronunciables pulsiones, a pesar de nuestras más acuciantes necesidades…
Y es entonces cuando cometemos el más terrible atentado contra nuestra lucidez: traicionarnos. Sí, traicionarnos, a nosotros mismos, (valga la redundancia). Si fuera creyente diría que es el más terrible de los pecados que podemos cometer.
Más triste aún, esta traición no viene acompañada (como cualquier buena traición que se precie) del ancestral y subrepticio placer nacido de nuestra condición inevitablemente humana: disfrutar del dolor ajeno. Y eso mientras ponemos nuestra más compungida faz de buen samaritano, condolidos del sufrimiento del otro, ese otro que mañana, tal vez, podríamos ser nosotros, oh, qué pena, qué sensación de tierna angustia, qué regocijo… de última, qué goce, qué perverso y humano goce… Pero eso no se le hace a quien te quiere ni tampoco a quien no te quiere, según lo manda la santa palabra mientras bendice las picanas. Ya… Y otra vez, me fui por las nubes de Úbeda (¿se acuerdan de las nubes de Úbeda?). Yo me acuerdo… claro, hablaba de traiciones…