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jueves, 27 de enero de 2011

"POR ESCRITO GALLINA UNA" - Julio Cortázar


Con lo que pasa es nosotras exaltante. Rápidamente del posesionadas mundo estamos hurra. Era un inofensivo aparentemente cohete lanzado Cañaveral americanos Cabo por los desde. Razones se desconocidas por órbita de la desvió, y probablemente algo al rozar invisible la tierra devolvió a.

Cresta nos cayó en la paf, y mutación golpe entramos de. Rápidamente la multiplicar aprendiendo de tabla estamos, dotadas muy literatura para la somos de historia, química menos un poco, desastre ahora hasta deportes, no importa pero: de será gallinas cosmos el, carajo qué.

viernes, 22 de octubre de 2010

"La canción del gato que quería trepar a la luna"- Lucas Carrasco


Como lo imposible le era ajeno, insistía en subirse a la ventana y saltar, hasta donde pudiera. Nunca pudo sentarse en ese plato de luz que lo miraba, al contrario, se llenó de golpes contra el tacho de la basura y la vereda, pero lo seguía intentando. Enfrente de la casa abandonada desde donde el gato saltaba, vivía un músico negro que componía jazz. Un día, mirándolo saltar noche tras noche, hizo la canción del gato que quería trepar a la luna.
La canción era, como el jazz, melancólica y fluida, con una cadencia misteriosa y algo inatrapable. Cada vez que veía al gato, por la noche, trepar a la ventana, el negro se ponía los anteojos de sol, sacaba la trompeta y tocaba, con su propia ventana abierta.
El gato se acostumbró a escuchar la trompeta, la misma canción, cada vez que miraba a ese redondo de luz y saltaba. Noche tras noche de luna, el gato saltaba intentando sentarse sobre la luna, mientras escuchaba la misma melodía.
El negro enfermó y murió.
Estuvo tres días encerrado en su habitación, solamente el gato sabía que había muerto, porque trepó por la ventana y se quedó al lado de la cama.
Al negro se lo llevó la municipalidad cuando el olor se volvió insoportable. No hubo velorio y lo enterraron en una fosa común. Nadie preguntó por él. El gato siguió, desde detrás y jadeando, la furgoneta municipal. Se quedó atrás, mirando cómo enterraban al negro.
Todos los días, el gato visita la tumba del negro, mira la luna parado ahí, en el cementerio. No sabe que es la misma luna, pero sabe que nunca la alcanzará. Ya no hay música. El gato nunca sintió que había perdido la luna, el gato sintió que había perdido la música. Fue el primer gato que aprendió filosofía.

domingo, 25 de octubre de 2009

"Historia clínica"-Eduardo Galeano


Informó que sufría taquicardia cada vez que lo veía, aunque fuera de lejos.

Declaró que se le secaban las glándulas salivales cuando él la miraba, aunque fuera de refilón.

Admitió una hipersecreción de las glándulas sudoríparas cada vez que –él le hablaba, aunque fuera para contestarle el saludo.

Reconoció que padecía graves desequilibrios en la presión sanguínea cuando él la rozaba, aunque fuera por error.

Confesó que por él padecía mareos, que se le nublaba la visión, que se le aflojaban las rodillas. Que en los días no podía parar de decir bobadas y en las noches no conseguía dormir.

–Fue hace mucho tiempo, doctor –dijo–. Yo nunca más sentí nada de eso.

El médico arqueó las cejas:

–¿Nunca más sintió nada de eso?

Y diagnosticó:

—Su caso es grave.

domingo, 6 de septiembre de 2009

"Mentires"-María Luisa Mazzola


"Ayúdame a mirar"
Eduardo Galeano


"Regálame unos ojos como labios, dijo el Cíclope después de Ulises. Pero ya Galatea, la lasciva, acariciaba un pastor con sus labios como alas."
Así iniciaba uno de los catorce sueños del viejo Homero. En los Elíseos, él me lo contó en un aliento apenas, a escondidas de los antiguos vates. Susurrándome con sus ojos de no ver, me lo contó.
Pero yo, que había abandonado los suplicios del Averno dejando como tributo mi conciencia, me apropié de su sueño, lo vestí de luz y sombra, y ahora se lo miento al converso en el oído. Él cree que será su "Polifemo" y me piensa suya. Ingenua pretensión de tantos otros.
Algunos me llaman Musa.
Yo me digo traidora.

lunes, 24 de agosto de 2009

"Celebración de la amistad"-Eduardo Galeano



En los suburbios de La Habana, llaman al amigo mi tierra o mi sangre.


En Caracas, el amigo es mi pana o mi llave: pana, por panadería, la fuente del buen pan para las hambres del alma; y llave por...


-Llave, por llave -me dice Mario Benedetti.


Y me cuenta que cuando vivía en Buenos Aires, en los tiempos del terror, él llevaba cinco llaves ajenas en su llavero: cinco llaves, de cinco casas, de cinco amigos: las llaves que lo salvaron.



martes, 30 de junio de 2009

"El Cementerio"-Eduardo Galeano


Un viajero llegó un día a un pueblo y decidió parar a descansar. Buscaba un sitio fresco con hierba para poder echarse en el suelo.

Y caminando llegó a un cementerio. Paseó por el, y cada tumba que veía le horrorizaba mas que la anterior. En ellas aparecía el nombre y los años de vida. Y lo terrible en ellas era que todos eran niños... ...cinco, ocho, cuatro, once años. Todas esas tumbas conmocionaron al viajero que se preguntó qué cosa tan horrible ocurriría en ese pueblo.

De pronto apareció un anciano que resultaba ser el que cuidaba de ese cementerio. Y el viajero se apresuró a preguntarle el secreto de tan horrible destino.

-Por favor, acérquese, me, ¿qué maldición hay en este lugar? ¿Por qué este cementerio de niños? dígamelo, dígamelo por favor.

El anciano sonrió y le contó... -En este pueblo tenemos una tradición; y es que cuando un niño cumple quince años, al dar este paso, se le regala una libreta que colgará de su cuello con un cordón que le acompañara durante toda la vida. En esta libreta apuntará todos aquellos momentos felices y el tiempo que éste duro; días, horas, semanas. Meses...

.....El encuentro con un amigo que no ve desde hace tiempo, su primer beso, su primer amor, cuando nacieron sus hijos, los ratos con los seres queridos y otras tantas cosas que le llenó el corazón de plenitud, de emoción...

...y cuando les llega la hora de su muerte, se suma todo ese tiempo de felicidad de sus vidas y los escribimos en las tumbas.

Así contamos el verdadero tiempo vivido.


viernes, 19 de junio de 2009

"El orden de las páginas"-Anónimo africano, tribu Bambara



Un peul y un bambara, que compartían la misma celda, se enteraron a través
del guardián de que por orden del rey uno de ellos sería castrado y el otro
decapitado.

El peul, más astuto que el bambara, empezó a quejarse de inmediato, gritando
que le dolían los testículos, que le dolían mucho y que pedía un alivio.
Gritó tan fuerte que el guardián fue corriendo, armado con un sable afilado,
y le desembarazó de los dos objetos de su dolor. El peul sufrió muchísimo el
resto de la noche, pero en el fondo de sí mismo estaba contento por haber
salvado la cabeza.

A su lado, el bambara dormía profundamente.

Por la mañana el rey los hizo llamar y les anunció que eran libres. Su
castigo había sido levantado.

El peul se lanzó a una serie de imprecaciones y lamentaciones:

-¡El bambara ha salvado la vida -gritaba- y yo he perdido mis testículos!

-Nunca hay que leer la página cinco antes de la página cuatro -le dijo el rey.


sábado, 25 de abril de 2009

"Eso" de Mario Benedetti


Al preso lo interrogaban tres veces por semana para averiguar «quien le había enseñado eso». Él siempre respondía con un digno silencio y entonces el teniente de turno arrimaba a sus testículos la horrenda picana.

Un día el preso tuvo la súbita inspiración de contestar: «Marx. Sí, ahora lo recuerdo, fue Marx.» El teniente asombrado pero alerta, atinó a preguntar: «Ajá. Y a ese Marx ¿quién se lo enseñó?» El preso, ya en disposición de hacer concesiones agregó: «No estoy seguro, pero creo que fue Hegel.»

El teniente sonrió, satisfecho, y el preso, tal vez por deformación profesional, alcanzó a pensar: «Ojalá que el viejo no se haya movido de Alemania.»