Un espacio para compartir literatura propia y ajena. Un rincón donde encontrarnos y buscar lo que gusta, emociona o, por qué no, decepciona. Un sitio pensado para conectarnos con las musas que nos habitan.
María Luisa era una quinceañera de ojos negros vivaces.
Esa tarde conocería el mar. Su regalo.
Bajó del auto despacio, extasiada ante tamaña belleza.
Subyugada por el olor y los sonidos de las olas, caminó despacio hacia el mar. Alguna vez escuchó también “la mar”. Eso se convirtió en un interrogante por el cual se avergonzaba.
¿Cómo se dirá pensaba? Ella estaba con su familia y su prima que siempre la corregía.
Se alejó del grupo y la pregunta le palpitaba en su alma adolescente. Como una flecha corrió hacia un pescador con su barca derruida de tantos viajes.
Lo vio humilde, sencillo, desarropado, ausente.
Mientras faenaba a la orilla ¿De El Mar o de La Mar? Su duda saltó nuevamente como una langosta hambrienta.
- Señor, discúlpeme que lo moleste, ¿Cómo se dice, La Mar o El Mar?
Él levantó los ojos despacio y contestó:
_Cierra los ojos niña y escucha el sonido que provoca, respira profundo.
Ella, sorprendida, accedió. Escuchó al mar como una serenata de bienvenida, respiró profundo y descubrió el olor de las sirenas.
Antes de abrir los ojos, escuchó decir al pescador:
-Es La Mar pequeña. La comparo con una mujer, compañera bella, y si tengo suerte, será mi tumba.