sábado, 16 de mayo de 2009

"Clara"-Graciela Ferreyra de García


La criatura voladora

extraña la vegetación de tu escritura

y en tu abecedario no existo.

Espero ser emitida por tu garganta,

y tu boca aún no me ha bautizado.

Puedes llamarme Clara

y acostarte en el hueco de la izquierda

para comer el pan masticado

que te guardé en la derecha.

Dejemos el medio libre

para atrapar los manantiales y el tiempo.

Desayunemos aire en los ojos del tazón

incendiemos la cueva con la tabla numérica

mientras los alerces nos cobijan

de los monstruos con sus genes

y de la porción estéril de la herencia.

Que nos traspase el vinagre

y en la exquisita bandeja plateada de la luna

brindemos

mientras mis alas sin nombre

duermen.


"Amparada"-Graciela Ferreyra de García


Se extinguió mi castigo,

cuando llegaste como madeja y sin huellas.


Mi piel estaba yerta

y las pálidas arterias eran viudas del tiempo.


Los orificios de las frutas y las flautas

vivían obstruidos

por la bruma del tiempo sin frases.


Con tu abanico de besos

se inclinó mi ánfora

y sentí las grullas beber de mi fuente,

el exquisito líquido púrpura

que zigzaguea por mis venas.


Disipo la dura soledad

y me aferro en la sombra de tus lunares.



sábado, 25 de abril de 2009

"¿Y tú?" de Alfonsina Storni

Sí, yo me muevo, vivo, me equivoco;
agua que corre y se entremezcla, siento
el vértigo feroz del movimiento:
huelo las selvas, tierra nueva toco.

Sí, yo me muevo, voy buscando acaso
soles, auroras, tempestad y olvido.
¿Qué haces allí misérrimo y pulido?
Eres la piedra a cuyo lado paso.




"Eso" de Mario Benedetti


Al preso lo interrogaban tres veces por semana para averiguar «quien le había enseñado eso». Él siempre respondía con un digno silencio y entonces el teniente de turno arrimaba a sus testículos la horrenda picana.

Un día el preso tuvo la súbita inspiración de contestar: «Marx. Sí, ahora lo recuerdo, fue Marx.» El teniente asombrado pero alerta, atinó a preguntar: «Ajá. Y a ese Marx ¿quién se lo enseñó?» El preso, ya en disposición de hacer concesiones agregó: «No estoy seguro, pero creo que fue Hegel.»

El teniente sonrió, satisfecho, y el preso, tal vez por deformación profesional, alcanzó a pensar: «Ojalá que el viejo no se haya movido de Alemania.»